“Expediente 1492: La última confesión de Colón”, una propuesta teatral que invita a repensar la historia
El teatro tiene la capacidad de transportarnos a otros tiempos, hacernos reflexionar y, al mismo tiempo, divertirnos. Eso es exactamente lo que logra “Expediente 1492: La última confesión de Colón”, la obra escrita por Santiago Ferrigno y Mariano Cossa a partir de fragmentos de “El arpa y la sombra”, la reconocida novela del escritor cubano Alejo Carpentier.
La propuesta nos sitúa frente a un hecho tan curioso como real: el intento de canonización de Cristóbal Colón impulsado por el Vaticano a fines del siglo XIX. Sin embargo, lejos de presentarlo como una clase de historia tradicional, la obra transforma esta situación en un juicio oral donde el público se convierte en jurado y debe decidir el destino final del célebre navegante.
Durante la función, tuve la oportunidad de conversar con el director Mariano Cossa, quien explicó que uno de los mayores desafíos fue adaptar una novela de enorme riqueza literaria al lenguaje teatral sin perder su esencia.
“El gran desafío era volverlo teatral sin que perdiera esa belleza literaria. También lograr que un texto tan elaborado cobrara naturalidad en la boca de los actores para que el público pudiera ir decodificando ideas complejas”, comentó.
Y el objetivo está más que logrado. La obra consigue que un material profundo y complejo se vuelva accesible, dinámico y atrapante para espectadores de todas las edades.
También dialogamos con los actores Alfredo Noberasco, Sandra Antman y Norberto Gonzalo, quien interpreta a Cristóbal Colón. Ambos destacaron el enorme trabajo de investigación realizado por los adaptadores y cómo ese proceso fue fundamental para construir los personajes sobre el escenario.

“Todos tenemos una imagen muy básica de Colón, la que aprendimos en la escuela. Esta obra permite descubrir otras miradas y hacer nuevas preguntas”, expresó Sandra Antman.
Por su parte, Norberto Gonzalo resaltó el trabajo colectivo detrás de la puesta:
“Llevar una novela tan importante al teatro es un trabajo muy complejo. Después vino el desafío de transformarlo en actuación y composición de personajes. Fue un verdadero trabajo en equipo.”
Uno de los aspectos más llamativos de la obra son los constantes cambios de personajes y vestuario que realizan los intérpretes. En cuestión de segundos, los actores pasan de representar figuras religiosas a integrantes del tribunal, nobles o personajes históricos, generando un ritmo vertiginoso y sorprendente.
Sobre esto, Sandra Antman contó entre risas que al principio debían coordinar cuidadosamente los tiempos para poder llegar a cada cambio, algo que hoy ya forma parte natural de la dinámica de las funciones.
Cuando llegó el momento de recomendar la obra, los artistas coincidieron en destacar su actualidad. Aunque la historia se desarrolla alrededor de un personaje histórico, los temas que aborda siguen completamente vigentes.
“Es una mirada muy interesante sobre Colón, pero también una metáfora sobre muchas cuestiones de nuestra realidad actual”, señaló Antman.
Norberto Gonzalo agregó que la obra utiliza el humor y la sátira para hablar de temas como la corrupción y el abuso de poder.
“Es divertida, pero al mismo tiempo plantea preguntas muy profundas. Colón es un personaje capaz de cualquier cosa para conseguir sus objetivos, y eso genera una reflexión que sigue siendo actual.”
A su vez, el actor Alfredo Noberasco destacó la ironía del texto y la posibilidad de observar la historia desde otra perspectiva.
“La obra permite corrernos de esa mirada que idealizaba ciertos personajes históricos y verlos desde un lugar más humano. Además, es una comedia muy divertida y el público la pasa realmente bien.”
Mi experiencia
Como espectador, puedo decir que fue una experiencia teatral hermosa. La adaptación está realizada con muchísimo talento y logra combinar historia, humor, crítica y participación del público de una manera muy original. También quiero destacar la escenografía y el vestuario, dos elementos que enriquecen enormemente la experiencia. La escenografía está muy bien resuelta y acompaña el relato de forma inteligente, permitiendo que el público viaje por los distintos momentos de la historia sin necesidad de grandes artificios. Por su parte, los vestuarios son impecables y resultan fundamentales para los constantes cambios de personaje que realizan los actores. Ver cómo pasan de un rol a otro en cuestión de segundos es realmente sorprendente y demuestra el enorme trabajo y la precisión que hay detrás de cada función. Todo esto contribuye a crear un universo teatral que atrapa desde el primer momento y mantiene la atención del espectador hasta el final.
Otro de los grandes aciertos es la interacción con la audiencia. No somos simples espectadores: nos convertimos en parte fundamental de la historia al tener que votar y decidir sobre el destino de Colón. Esa participación genera una conexión muy especial con lo que sucede en escena.
La obra también deja algo muy valioso: preguntas. Preguntas sobre la historia que aprendimos, sobre las figuras que solemos admirar sin cuestionar y sobre cómo se construyen ciertos relatos a lo largo del tiempo.
Con actuaciones destacadas, una adaptación inteligente y una puesta dinámica e imaginativa, “Expediente 1492: La última confesión de Colón” es una excelente opción para disfrutar con amigos, en pareja o en familia.
Una propuesta que entretiene, hace reír y, sobre todo, invita a pensar.
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