Cuerpos en tendencia: el preocupante regreso de la extrema delgadez a la moda y las redes sociales
Los estándares de belleza y el regreso de la extrema delgadez en las pasarelas y eventos más importantes de estos últimos tiempos no sorprenden tanto como deberían. La moda es cíclica, y basta recorrer las semanas de la moda para advertir cómo ciertos discursos visuales regresan disfrazados de novedad. Durante la última edición de la semana de la moda en Buenos Aires, volvió a instalarse una imagen conocida: cuerpos extremadamente delgados, rostros similares, siluetas replicadas como si hubieran salido de una misma máquina de clones sin identidad.
Treinta años después de los años 90, la misma estética vuelve a ocupar el centro de la escena. Cambian las palabras, pero no siempre el mensaje. Hoy ya no se habla únicamente de “dietas” o “perfección física”; el nuevo lenguaje se esconde detrás de conceptos como bienestar, autocuidado u optimización corporal, acompañado por medicamentos que prometen resultados rápidos y visibles.

El problema no son los tratamientos médicos en sí, sino el modo en que la cultura visual los transforma en aspiración colectiva. Cuando figuras de la moda, la música y el cine convierten ciertos cuerpos en símbolo de éxito y validación, se instala una percepción irreal de belleza que puede generar frustración, ansiedad y desconexión con la propia identidad, especialmente entre los más jóvenes.
Cada década tuvo su propio mandato corporal disfrazado de tendencia. En los 90 fue la delgadez extrema; en los 2000, la obsesión por los cuerpos tonificados; más tarde llegaron las curvas perfectas de Instagram y los filtros imposibles de TikTok. Las tendencias cambian, pero la presión permanece intacta. Durante años se advirtió sobre los riesgos de la cultura de la dieta y del perfeccionamiento corporal permanente, aun así el sistema sigue reciclando los mismos ideales bajo nuevas estrategias de consumo.
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Centenares de mujeres han expuesto públicamente las secuelas físicas y emocionales derivadas de esos patrones impuestos por la industria estética. Detrás de la narrativa brillante de la moda y las redes sociales aparecen historias atravesadas por intervenciones invasivas, trastornos emocionales y una búsqueda interminable de aceptación. Porque cuando la apariencia se convierte en condición de pertenencia, la identidad corre el riesgo de diluirse.
Como mujer, y después de atravesar distintos cambios corporales, entendí que lo verdaderamente importante es no pedir permiso para existir ni para construir nuestra imagen personal. No todas las tendencias representan libertad, y no todo lo que se vuelve viral significa bienestar. Tal vez el verdadero acto de rebeldía hoy sea habitar el propio cuerpo sin perseguir la aprobación constante de una estética impuesta.
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